El rascacielos residencial Delfin Tower va a poner en el mercado viviendas de lujo a unos precios entre 700.000 euros y 1,56 millones

 

Corría el año 1985 cuando comenzaron a llegar a Benidorm los primeros jubilados del Imserso. Veinte años antes, el que fuera el alcalde de la localidad, Pedro Zaragoza -quien daría vía libre al uso del bikini en las playas españolas-, convertía este modesto pueblo de pescadores y agricultores en uno de los destinos turísticos por excelencia de España. Desde entonces, han sido miles las familias, jóvenes y jubilados, tanto nacionales como extranjeros, los que han disfrutado de sus playas y discotecas. Muchos de ellos cumplieron allí el sueño de tener un apartamento de la playa y aún son cientos los que esperan poder hacerlo realidad en un futuro no demasiado lejano.

Benidorm no es una localidad costera más. El abuso de construcciones verticales la han convertido en la tercera ciudad europea en número de rascacielos, un sello de identidad que despierta odio y amor a partes iguales y que ha permitido -al igual que sucede a nivel turístico- que exista un enorme abanico de precios a la hora de comprar una vivienda. Para que nos hagamos una idea, en la actualidad se pueden encontrar a la venta desde pequeños apartamentos de apenas 20.000 euros hasta chalets de casi 4 millones. Y es que, Benidorm, desde sus orígenes como destino turístico, siempre ha sido apto para todo tipo de bolsillos.

En la actualidad se pueden encontrar a la venta desde pequeños apartamentos de apenas 20.000 euros hasta chalets de casi 4 millones

Situada en la provincia de Alicante, una de las zonas en clara recuperación inmobiliaria, Benidorm destaca especialmente entre otros municipios de la región. Ostenta el precio por metro cuadrado más caro de la región con una media de 1.585 euros -obra nueva y segunda mano-, por encima de lo que se paga en sus vecinos Altea, Calpe o l’Alfàs del Pi, según datos de Tinsa. Aunque los precios han corregido casi un 44% desde máximos, es uno de los puntos de la geografía española con el viento a favor. En el último año, los precios han subido un 11%, según el último informe de costa de esta tasadora.

La recuperación también es evidente en cuanto al número de transacciones. En 2016, las ventas crecieron casi un 18% impulsadas por la vivienda de segunda mano (25% al alza), frente al desplome de la obra nueva (-55,8%). Ese es, precisamente, el gran caballo de batalla de la localidad, la enorme escasez de proyectos nuevos en marcha, situación a la que contribuyó la locura constructora en los años del ‘boom’, que agotó prácticamente todo el suelo edificable en primera línea de playa.

Una situación que está provocando que los escasos proyectos en marcha se vendan en cuestión de meses a precios que incluso en plena burbuja habrían parecido disparatados, al tiempo que se está generando un efecto alcista de los precios sobre las propiedades de segunda mano. Para que nos hagamos una idea, según datos de Idealista, el precio de los pisos usados se movía en torno a los 1.900 euros el metro cuadrado en septiembre de 2017, un 7,6% más que hace un año y por encima de lo que se paga en la actualidad en algunos distritos de Madrid como Carabanchel, Latina, Puente de Vallecas, Usera, Vicálvaro y Villaverde.

“El mayor problema de este mercado es que no se ha generado suelo. En 2006-2007, los mecanismos para crear suelo a nivel legislativo eran mucho más ágiles, pero ahora, además de que la ley ha cambiado hasta en dos ocasiones, parece que hay miedo a desarrollar suelo”, explica Jaime Martín Calleja, técnico de Tinsa en Benidorm. “Hay bolsa de suelo que se podían haber desarrollado durante la crisis y, sin embargo, el mercado está paralizado. Pero no es algo exclusivo de Benidorm, sino que esta situación se repite en casi todos los municipios costeros de la zona”, añade.